La ansiedad por separación se considera un miedo evolutivo que se da en el ser humano a partir de los 6-8 meses de vida. Se trata de un temor que tiende a remitir por sí solo y rara vez presenta mayores complicaciones. Sin embargo, nos vamos a centrar en el caso en el que este temor es excesivo e impide al menor seguir una rutina adecuada para su edad (colegio, actividades extraescolares, etc).

Es frecuente, que los niños/as con este temor se opongan a asistir al centro escolar, y lo manifiesten a través de llanto y rabietas intensas, ante las cuales, los padres, que también acaban angustiados, optan por ceder, y el menor permanece en casa. En ese momento, la situación queda “resuelta”, no obstante, iríamos en dirección contraria a la deseada, porque:

• Se ha prestado atención a su llanto, con lo que se está fomentando esta conducta.

• Se ha cedido ante su rabieta, con lo cual, el niño/a aprende que, para no ir al colegio, lo que tengo que hacer es llorar mucho.

• Obtiene el beneficio de quedarse en casa jugando en horario escolar.

• La evitación de la situación que genera miedo, no sólo no la resuelve, sino que provoca que el miedo vaya siendo cada vez mayor.

Por tanto, lo más apropiado es exponer al menor a la situación temida, en este caso, a la separación de las figuras de apego. ¿Cómo hacerlo? De forma gradual y premiando cada pequeño avance. Las siguientes estrategias pueden ser de utilidad:

• Leer cuentos donde aparezca la temática de la separación o la superación de miedos desde una perspectiva positiva: ofrecen al menor un modelo semejante a él/ella con el que pueda identificarse.

• Jugar con el menor, imaginando y representando historias que implique separarse del adulto y vencer el miedo (por ejemplo, somos piratas que vamos en busca de un tesoro y tenemos que separarnos para encontrarlo…). Esta estrategia permite al menor “vivir” la experiencia de la separación de forma imaginada, facilitando su afrontamiento en la vida real.

Si las actividades anteriores no fueran suficientes, sería aconsejable contar con la ayuda de un psicólogo, para la implementación de otras estrategias:

• Dotar al menor de recursos para manejar ansiedad, a nivel fisiológico (técnicas de relajación) y cognitivo (cambiar los pensamientos de “no voy ser capaz”, “no puedo hacerlo” por automensajes más positivos).

• Establecer metas graduales a conseguir: ir aumentando progresivamente el tiempo que permanece separado de las figuras de apego e ir premiado cada avance.

Asimismo, es importante, de cara a los padres, mantener la máxima calma posible, y tener en cuenta, que la solución de estos casos pasa por ser constante en la aplicación de las técnicas.

Esperamos que este post sea de utilidad.
¡Gracias por leernos!