El temor a la separación de los padres es un miedo evolutivo, considerado normal dentro de desarrollo de los niños. Sin embargo, hay casos en los que la separación de los padres o simplemente el conocimiento de que va a ocurrir, provoca un malestar intenso en el menor en forma de intensas rabietas, negativa a ir al colegio, pesadillas recurrentes o manifestaciones psicosomáticas como cefaleas o dolor abdominal.

Estos son los síntomas más frecuentes de la ansiedad por separación:

• Preocupación excesiva por la separación de padres u otras figuras de apego, como abuelos y cuidadores. Suele iniciarse desde el momento el que el menor tiene conocimiento de que la separación va a tener lugar.

• Reacción emocional intensa ante la separación o previsión de la misma, en forma de llanto, rabietas, apatía o retraimiento social.

• Preocupación excesiva y recurrente sobre la posibilidad de que alguna persona cercana a él/ella sufra daño, accidente, muerte o una enfermedad que implique no estar en contacto con esa persona.

• Resistencia o rechazo a ir al colegio o a otro lugar, que implique separación de la figura de apego. Asimismo, rechazo a dormir fuera de casa.

• Resistencia a estar solo en casa, sin la cercanía de la figura de apego, y también para dormir solo.

• Pesadillas recurrentes sobre el tema de la separación.

• Síntomas físicos (cefaleas, náuseas, vómitos…) ante la separación o previsión de la misma.

Sin embargo, la ansiedad por separación, no sólo supone malestar para el niño/a, sino para todo su entorno. A nivel familiar, supone adaptar todas las rutinas para que no se quede solo/a, atender sus pesadillas y despertares nocturnos, lidiar todas las mañanas con la negativa a ir al colegio y no poder disponer de un mínimo respiro. La consecuencia más frecuente es un agotamiento físico y emocional en los padres y un nivel elevado de tensión en el hogar.

En el siguiente post, os daremos algunas pautas para manejar estas situaciones.
¡Gracias por leernos!