El primer impacto a nivel psicológico que recibe el paciente de cáncer es el diagnóstico. Después de la sospecha de malignidad y de días de tensa espera, llega la confirmación del diagnóstico.

Es frecuente que en esa visita médica, el paciente, a consecuencia de ese impacto, no sea capaz de asimilar el resto de información que el especialista le ofrece en cuanto a pasos a seguir: cirugía, qumioterapia, radioterapia…Por este motivo, se recomienda, en la medida de lo posible que acudan acompañados de un familiar para que recoja esta información.

Una vez sufrido este shock inicial, se abre un proceso hacia la aceptación del diagnóstico, que suele integrar las siguientes fases:

  1. Incredulidad: el paciente bajo el impacto de la noticia de que tiene cáncer, lo niega, cree que puede tratarse de un error y busca una segunda opinión. Esta negación puede ir acompañada, bien de una explosión de ira y/o tristeza o de inhibición emocional.
  2. Rabia: en un segundo momento, una vez confirmado o reconfirmado el diagnóstico, aparece la rabia. Surgen preguntas como “¿Por qué a mí?» y reacciones de ansiedad y/o ira.
  3. Tristeza: se centra sólo en los aspectos negativos, como efectos secundarios del tratamiento, tener que abandonar temporalmente el trabajo, separación de la familia durante la hospitalización, secuelas de la enfermedad y/o de los tratamientos. La sensación que tiene el paciente es de indefensión, cree que no haya nada que pueda hacer.
  4. Aceptación: se asume el diagnóstico.

 

 

No todos los pacientes pasan por todas estas fases, ni lo hacen de forma secuencial, pero se manifiestan todas de alguna u otra manera.

La preocupación es una reacción psicológica que acompañará a la persona desde el diagnóstico hasta el final del tratamiento y revisiones posteriores. Es una reacción que se considera dentro de la normalidad, siempre y cuando su intensidad y/o duración no causen malestar significativo y/o impida al paciente llevar su rutina habitual.

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