Tenemos un conocimiento bastante extendido de la dependencia emocional dentro del contexto de la pareja, que es aquella que me ancla a una relación en la que no estoy a gusto o me causa algún tipo de daño. Si deseas obtener más información sobre este tipo de situación, pincha en el siguiente enlace. Dependencia emocional hacia la pareja.

Sin embargo, la dependencia emocional se manifiesta en otros contextos, algunos dentro las relaciones humanas y otros fuera de ellas.

Los seres humanos establecemos vínculos a lo largo de nuestra vida con figuras significativas en el desarrollo como persona, siendo fundamentales la figura materna y los amigos/as.

El vínculo con la figura materna, se inicia en el útero y se establece en la primera etapa de la vida. Posteriormente, puede evolucionar de forma sana o establecerse una relación de dependencia. En este contexto pueden darse dos contextos de dependencia:

  1. Una madre insegura, que busca satisfacer sus carencias afectivas y emocionales a través del hijo/a. Esta búsqueda suele ser inconsciente y puede derivar, a medida que el hijo/a se hace mayor, hacia la satisfacción también de necesidades materiales. Como consecuencia, el hijo/a desarrolla también un vínculo dependiente hacia la madre, que persiste en la edad adulta, constituyéndose en una relación disfuncional que puede afectar al resto de relaciones afectivas del hijo/a, especialmente las de pareja, ya que la figura materna acaba convirtiéndose en el «tercer miembro» de la pareja. Los chantajes emocionales suelen ser frecuentes en estos contextos, y el consecuente sentimiento de culpa es el mantiene al hijo/a sometido a la figura materna.
  2. Una madre dominante: en este contexto es el hijo/a se desarrolla bajo una figura materna fuerte y exigente, cuya aprobación va a buscar a lo largo de la vida. La vínculo dependiente se desarrolla a través de la búsqueda de aprobación.
  3. Una madre ambivalente: suelen ser hijos nacidos de embarazos no deseados, y que desarrollan el vínculo con una figura materna que alterna comportamientos de afecto y de rechazo.

El resultado en cualquiera de estos tres contextos, es el desarrollo de un vínculo de dependencia con una figura que se vive en la edad adulta como una «madre tóxica»

De este modo, cuando detectamos un patrón de dependencia emocional en niños o adolescentes, no sólo de su madre, sino de profesores u otros menores, probablemente hayan desarrollado un vínculo dependiente con la figura materna. Y es que la forma en que nos vinculamos con la figura materna determina el tipo de vínculo que establecemos con otras personas.

Más allá de las relaciones personales, el desarrollo de un vínculo materno dependiente, también impacta en cómo nos relacionamos con otros elementos de nuestra vida como puede ser la alimentación o el dinero. De este modo, podemos caer en la llamada «alimentación emocional» por la cual buscamos satisfacer nuestras necesidades emocional a través de la comida. ¿Se consigue? No,  lo que se obtiene es un placer momentáneo y añadir unos cuantos kilos más a la báscula.

El otro fenómeno es la dependencia emocional del dinero, que consiste en bien atesorar o gastar dinero con la misma finalidad: buscar una satisfacción emocional y afectiva. ¿Se consigue? Sí, pero de forma efímera, lo cual nos lleva a repetir una y otra vez el mismo patrón de atesorar o gastar dinero.

En resumen, la base de cualquier dependencia emocional reside en la forma en que se ha desarrollado el vínculo con la figura materna y en la búsqueda de satisfacción de necesidades o carencias emocionales.

Cuídate!

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