Durante varios años impartí talleres de búsqueda de empleo dirigidos a desempleados y, en el programa figuraba un apartado dedicado a cómo enfrentarse a una entrevista de trabajo. Les explicaba a los alumnos las claves de la comunicación no verbal y un sinfín de consignas de lo que debían y no debían hacer… un día llegué a la conclusión de que era humanamente imposible seguir todas esas consignas sin parecer un robot. Y es que hay un detalle que olvidamos: la entrevista de trabajo es una interacción “a ciegas”, es decir, desconocemos el perfil que busca el entrevistador, qué le gusta en un candidato, que no le gusta, qué piensa, qué opina de nosotros, qué prejuicios tiene… entonces, ¿no es más práctico dejar de preocuparse por cómo coloco las manos o hacia dónde dirijo la mirada y centrarnos en responder a lo que nos pregunten?

A continuación os dejo un enlace de una entrevista de trabajo en clave de humor, pero que muestra claramente que el candidato desconoce lo que busca el entrevistador.