Los profesionales de la salud y de servicios sociales que se dedican al cuidado de otros, encuentran esta labor gratificante y fuente de satisfacción personal. De hecho, se dice que son profesiones con un marcado perfil vocacional.

Sin embargo, la exposición continua al sufrimiento físico y/o emocional de pacientes y usuarios puede desembocar en un desgaste global para el profesional, que se conoce como Fatiga por Compasión.

La Fatiga por Compasión  comenzó a estudiarse en los años 90 del siglo pasado, a partir de la  observación de malestar y cambios en el desempeño laboral del personal de enfermería que atendían a personas  con enfermedades graves y/o en situaciones traumáticas. Se conceptualizó como un proceso de estrés postraumático secundario, derivado del cuidado de otros que sufren dolor emocional.

Por tanto, cualquier profesional sanitario (médicos, personal de enfermería, psicólogos, veterinarios…) o de servicios sociales (trabajadores sociales, personal de residencias de mayores…) puede desarrollarla.

Se trata de un fenómeno que  repercute en el plano personal y en la calidad de vida profesional, y comprende cinco dimensiones:

  1. Reacciones somáticas: agotamiento, falta de energía, cefaleas, insomnio, malestar gástrico,  tensiones musculares, y aceleración del ritmo cardíaco.
  2. Reacciones relacionales: insensibilidad, indiferencia, incapacidad para abordar o paliar el sufrimiento y pérdida de disfrute de las actividades de ocio.
  3. Reacciones emocionales: apatía, irritabilidad, deseo de abandonar, desbordamiento emocional, miedo y ansiedad, depresión, falta de motivación, sensación de vacío y conductas adictivas (beber, comer o gastar en exceso)
  4. Reacciones espirituales: falta de consciencia espiritual, desinterés por la introspección, juicios empobrecidos y cuestionamiento de creencias espirituales.
  5. Reacciones cognitivas: menor capacidad de atención y concentración, desorganización, desinterés, insomnio y pesadillas recurrentes.

Si bien es cierto que sus características pueden resultar similares a la del Síndrome de Burnout o Síndrome del “trabajador quemado”; éste se deriva de la relación del profesional con su entorno laboral, mientras que la Fatiga por Compasión se gesta en la relación con el paciente o usuario y su familia.  No obstante, es más probable que una persona con Fatiga por Compasión acabe desarrollando un cuadro Burnout.

 

Diversos estudios científicos llevados a cabo han identificado como factores de riesgo:

  • La exposición repetida al dolor, el sufrimiento y la muerte y el estrés que supone defraudar las expectativas del paciente y la familia, cuando ya no se puede curar.
  • Estar en primera línea de asistencia: médicos y personal de enfermería son los miembros de los equipos asistenciales más afectados.
  • La sobreimplicación emocional y sacrificar las propias necesidades emocionales por satisfacer las del paciente son factores de alto riesgo.

Existe evidencia de que el autocuidado físico y emocional, el ser consciente de las reacciones emocionales que nos despierta el contacto con los pacientes y las competencias para manejarse en contextos de muerte, amortiguan la Fatiga por Compasión.

 

LABOR ASISTENCIAL EN PANDEMIA POR COVID-19

La situación de alerta sanitaria por pandemia de COVID-19, constituye una demanda asistencial sin precedentes, cuyas características suponen factor de riesgo para desarrollar Fatiga por Compasión:

  • El estrés derivado de la elevada demanda asistencial y la limitación de recursos.
  • La fatiga añadida por el uso de equipos de protección.
  • Exposición repetida al sufrimiento y reacciones emocionales de miedo y soledad de los pacientes y sus familias.
  • Exposición repetida a situaciones de muerte y no disponer de formación o experiencia para ello su manejo.
  • Brindar soporte emocional a pacientes, familiares y compañeros.
  • Dilema ético: por no poder atender a los pacientes como lo harían en otras circunstancias.
  • Temor por la propia salud y por constituirse en vectores de transmisión del virus.
  • …..

En estas condiciones, los profesionales sanitarios y de servicios sociales experimentan doble carga traumática: como cuidadanos y como proveedores  cuidados.

En estas circunstancias favorecen  la sobreimplicacion emocional y el sacrificio de las propias necesidades en pos de satisfacer las del paciente o residente, y restan posiblidad de autocuidado y de atender a las propias reacciones.

Por ello, es probable (e inevitable) que muchos sanitarios y personal de residencias de ancianos experimenten síntomas de Fatiga por Compasión, por lo que sería recomendable facilitarles asistencia y seguimiento psicológico, así como identificar necesidades de formación para manejarse en posibles contextos futuros.

Gracias por leerme!

 

Referencias

Hernández García MC. Fatiga por compasión entre profesionales sanitarios de oncología y cuidados paliativos. Psicooncologia 2017;14: 53-70. DOI: 10.5209/PSIC.55811 10.5209/PSIC.55811

Campos Vidal, J. F., Cardona Cardona, J. y Cuartero Castañer, M. E. (2017). Afrontar el desgaste:
cuidado y mecanismos paliativos de la fatiga por compasión [Facing the wear: care and palliative mechanisms of compassion fatigue]. Alternativas. Cuadernos de Trabajo Social, 24, 119-136. https://doi.org/10.14198/ALTERN2017.24.07

Sansó N, Galiana L, Oliver A, Pascual A, Sinclair S, Benito E. Palliative care professionals’ inner life: exploring the relationships among awareness, self-care, and compassion satisfaction and fatigue, burnout, and coping with death. J Pain Symptom Manage 2015;50:200-7. Doi:10.1016/j.jpainsymman.2015.02.013.