A día de hoy, pasado el ecuador del mes de enero… ¿cómo llevas tus propósitos de año nuevo? ¿No sabes de qué te estoy hablando? De esa declaración de intenciones que allá por el 31 de diciembre y copa en mano, hiciste y subrayaste “de este año no pasa”, “este sí año sí que va”.Si eres de los que aún o has encontrado un papel dónde escribir estos propósitos, y si te pusieras a ahora, ni los recordarías, te interesa leer lo siguiente.

El hecho de marcarnos propósitos, nos permite ir alcanzando los objetivos que deseamos, tanto a nivel personal, como profesional. Sin embargo, el objetivo, que sería el “qué” quiero, necesita un “cómo”, es decir un plan para conseguirlo. Y ¿qué nos ocurre con los propósitos de Año Nuevo? Que  nos olvidamos de “cómo”, por lo tanto, el objetivo se diluye en pocos días.

Implementar un cambio en nuestra vida, requiere 3 pasos:

  • Definir el cambio que queremos hacer

  • Tomar la decisión de hacerlo

  • Darnos un tiempo para asentar la decisión y planificarla

  • Pasar a la acción

¿Qué ocurre con los propósitos de Año Nuevo? Que, imbuidos por el espíritu de Nochevieja creemos que tener la intención llega.

Por tanto, es muy útil aprovechar ese espíritu de la última noche del año para determinar qué cambios quiero hacer. Pero después, necesitamos darnos un tiempo para revisar esos propósitos, una vez evaporados los efluvios del alcohol, y seleccionar aquellos que sean realistas. Y ahora, vamos a tomar la decisión en firme y a planificar cómo hacerlo.

Lo más recomendable, es tomarse el mes de enero para planificar los cambios, y comenzar a ejecutarlos a finales de enero o en Febrero. Pero ojo!, no se trata de olvidarse de los propósitos hasta febrero, si no de ir preparándose para ponerlos en marcha. Así que, si aún no te has puesto con tus propósitos de Año Nuevo, aún estás a tiempo: define el cambio, toma la decisión, planifica y ejecuta!

¡Hasta pronto!