«La cabeza no para» es una de las expresiones con la que las personas que sufren malestar emocional describen el fenómeno del que vamos a hablar hoy: la rumiación cognitiva.

La rumiación cognitiva se refiere el acto mental de «dar vueltas» a pensamientos, generalmente de contenido negativo, sin una finalidad . Por ejemplo: si tengo que tomar una decisión sobre algo, pongamos cambiar de lugar de residencia, el pensar sobre ello tiene la finalidad de tomar una decisión al respecto.

Sin embargo, la rumiación es simplemente, pensar por pensar, no hay una finalidad o «necesidad» de pensar sobre ello. Son pensamientos que aparecen y  como su contenido suele estar relacionado con miedos o motivos que nos preocupan, nos genera malestar: desasosiego, angustia, tensión, nerviosismo, tristeza, ira …

Cuando rumiamos no lo hacemos sobre un único pensamiento, sino que un pensamiento va llevando a otro, estableciendo una cadena de pensamientos de contenido negativo. Cuanto más larga sea esta cadena el malestar dura más tiempo y es más intenso.

La rumiación se ubica en la parte de nuestro pensamiento que es automático y del cual no somos consciente, mientras que cuando dirigimos nuestro pensamiento hacia tomar una decisión lo hacemos de forma consciente.

Por tanto, habrá ocasiones en las que me dé cuenta de que estoy rumiando y otras que no. Pero en ambos casos experimentaré un sentimiento negativo: nerviosismo, rabia, tristeza, angustia… y será la señal de que estoy rumiando.

¿Qué puedo hacer en ese momento?  Para detener la rumiación tenemos que romper la cadena de pensamiento.

¿Cómo puedo romper la cadena de pensamiento? Existe una técnica para ello denominada «parada de pensamiento»

La «parada de pensamiento» consiste en detener el pensamiento a través de una orden mental tipo «ya», «stop», «basta». Puedo acompañar esta orden mental con un gesto físico como chascar los dedos o dar un pisotón contra el suelo. Una vez aplicada la orden mental, la cadena de pensamiento se interrumpe y, en ese momento, tengo que dirigir voluntariamente mi foco de atención hacia alguna actividad que requiera concentración, como por ejemplo, hacer una sopa de letras o hablar con alguien. ¿Por qué? Porque si no lo hago es fácil volver a enganchar con la cadena de pensamiento negativo.

Es normal que en las primeras aplicaciones de la «parada de pensamiento», el pensamiento negativo vuelva al poco tiempo, pero, a medida, que la vamos practicando, tardará cada vez más en regresar. Es importante ser constante en su aplicación y tener un poco de paciencia, porque funciona!

Espero que os haya gustado y, sobre todo, que os sea de utilidad.

Hasta el próximo artículo.