Cuando un padre/madre descubre que su hijo/a se autolesiona, la reacción lógica es la alarma y la consiguiente preocupación. Siendo estas reacciones lógicas, es conveniente tener en cuenta que nos pueden llevar a actuar de forma contraproducente: regañando o castigando al menor por su conducta o presionarle para que explique por qué lo hace.

A continuación ofrecemos unas pautas para manejar esta situación.

* Como padre/madre, es lógico que te alarmes y te asustes; sin embargo, informarte sobre ello te ayudará a comprender mejor esta forma de actuar.

* Es importante no reñirle, por tres motivos:

1. La autolesión es, en muchas ocasiones, una conducta que el menor oculta, precisamente, por temor a la reacción de los padres; por lo que si le reñimos, se afanará más en ocultarlo.

2. La autolesión puede ser un acto que desconcierte y provoque malestar al propio menor que la realiza. Con nuestra “bronca” lo único que conseguiremos es incrementar dicho malestar.

3. Si se tratara de una autolesión cuyo objetivo es llamar nuestra atención, lo que haríamos es reforzarla, es decir, favorecer su repetición, puesto que con nuestra regañina, la conducta ha conseguido su objetivo que era nuestra atención.

* No dramatizar (gritar, proferir frases como “¿por qué me haces esto a mí?”): provocaría ansiedad en el menor, lo cual suele ser un desencadenante de nuevas autolesiones.

* Permitir que se exprese, que cuente lo que le ocurre, cómo se siente, para lo cual es preciso crear un clima de calma y tranquilidad (aunque sólo se consiga de forma aparente).

* Retirar de su alcance, los objetos con los que se hace daño.

* Pedir ayuda profesional: el psicólogo/a no sólo ayudará a vuestro/a hijo/a a procesar y gestionar sus emociones, si no que también os ofrecerá apoyo y pautas de manejo concretas.