A lo largo de la vida, desde que somos niños hasta que llegamos a la edad adulta, vamos adquiriendo conocimientos básicos sobre el funcionamiento y cuidado de nuestro cuerpo. Sabemos por ejemplo, que si comemos demasiado nos sentará mal y sufriremos molestias gastrointestinales, del mismo modo que si sudamos y no nos mudamos la ropa cogeremos un catarro o que podemos perder piezas dentales si no llevamos una correcta higiene bucodental. Estas nociones las adquirimos en el entorno familiar, escolar y social en el que nos desarrollamos  y vivimos.

En el entorno familiar, escolar y social se transmiten nociones sobre el funcionamiento y cuidado de nuestro cuerpo, pero poco se transmite sobre el funcionamiento de nuestro cerebro y de nuestra mente

Sin embargo, poco aprendemos (o poco nos enseñan) sobre el funcionamiento del cerebro: del órgano que rige toda nuestra existencia, tanto en lo físico como en lo mental y lo espiritual. De este modo, por mero desconocimiento, arrastramos concepciones erróneas sobre su funcionamiento y como consecuencia, experimentamos emociones negativas y llevamos a cabo conductas disfuncionales.

Pues nos podemos ahorrar gran parte de este malestar, ¿cómo? Pues aprendiendo cómo funciona nuestro cerebro. Partimos de la base de que , como cualquier otro órgano de nuestro cuerpo, no tiene un funcionamiento «perfecto», tiene pequeñas anomalías que se consideran dentro de lo normal. Vamos a verlo en relación con nuestros pensamientos.

El cerebro humano no tiene un funcionamiento «perfecto»

Damos por sentado que todos los pensamientos que pasan por nuestra cabeza son ciertos; no en el sentido de tener razón o no, sino si se ajustan a la realidad. Pues no, no todos nuestros pensamientos son racionales; todo cerebro humano elabora una parte de pensamientos que son irracionales, distorsionados, que no se ajustan a la realidad.

¿Y por qué es importante saber esto? Porque puedo estar actuando en base a un pensamiento que no se corresponde con la realidad. Pongamos un ejemplo: si mi pareja no me ha enviado un mensaje hoy para preguntarme cómo llevo el día, mi cabeza puede pensar «Es porque  no le importo», me sentiré triste, y cuando llegue a casa no me apetecerá hablar con él/ella.

No todo lo que pienso se ajusta a la realidad

Paramos un momento: ¿tengo alguna evidencia de que esto es cierto?… Pues esa es una de las claves para saber si ese pensamiento es distorsionado  o se ajusta a la realidad.

Seguiremos profundizando en este tema en futuros artículos.

Espero que os sea útil, si es así puedes compartirlo.

Cuidaos y hasta pronto!

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