«Quiero dejar a mi pareja pero no doy el paso»: si estás leyendo esto, posiblemente te encuentres en esta situación o conoces a alguien cercano que lo está. Y apuesto a que has leído mucho sobre este tema: «claves para saber que una relación se ha terminado», «indicadores para salir de una relación»… pero ahí sigues y, seguramente, sintiéndote mal por no «ser capaz» de hacerlo.

Poner fin a una relación de pareja no es (sólo) cuestión valentía.

No es sólo cuestión de «ser capaz» o «ser valiente». Existen otros aspectos que pueden dificultar tanto tomar la decisión, como llevarla a cabo. Veamos los más relevantes:

  1. El apego: los seres humanos nos vinculamos de forma natural a otras personas, es algo para lo que estamos «programados», ya que garantiza nuestra supervivencia. El bebé se vincula a su madre, que es su figura de apego, porque de ella depende su alimentación y, por tanto, su supervivencia. En la infancia, nuestras figuras de apego principales son nuestros padres, pero establecemos vínculos significativos con otras personas de nuestro entorno: hermanos, abuelos, amigos del colegio… En la edad adulta, seguimos estableciendo vínculos afectivos con amigos y con nuestras parejas. La relación de pareja nos ofrece un espacio en el que cubrir nuestra necesidades afectivas, sexuales y de apoyo personal. El vínculo que establecieron con nosotros nuestras figuras de apego en la infancia (generalmente nuestros padres), determina en gran parte la forma en lo nos vinculamos con nuestra pareja en la edad adulta. Si nos sentimos inseguros o abandonados en este primer vínculo de la infancia, tenderemos a sentirnos así en nuestra vida adulta.
  2. La relación de nuestros padres: es el modelo a imitar de cómo funciona una pareja. Si crecemos en el seno de una familia, donde por ejemplo, la mujer era la figura dominante y el hombre más sumiso, tenderé a reproducir ese rol. Si mi caso fue el de una figura femenina que se encontraba a disgusto en su relación de pareja, pero permanecía en ella, tenderé a reproducir esa postura.
  3. Rasgos de personalidad: la relación con las primeras figuras de apego, la crianza, las experiencias vividas, y posiblemente factores genéticos aún por descubrir, conforman en nosotros una estructura de personalidad determinada. Esta estructura de personalidad, se manifiesta en una forma particular de pensar, sentir, actuar y vincularse de esa persona. Hay diferentes estructuras de personalidad, tantas como personas, y se han agrupado en distintos tipos , y cada uno tiene su forma particular de vincularse. Las personas que tiene rasgos de personalidad de tipo dependiente, histriónico o límite, pueden verse «atascadas» en la situación de querer dejar a su pareja pero no saber cómo.

Desde la edad adulta, no podemos cambiar el vínculo con nuestras figuras de apego en la infancia, ni la relación de nuestros padres, pero … ¿se puede cambiar la personalidad? La respuesta es no. Del mismo modo que no podemos cambiar nuestra estructura ósea, tampoco nuestra  estructura de personalidad. Sin embargo, sí  podemos gestionar algunas partes de esa forma de pensar, sentir, actuar y vincularnos, que te dificultan salir de esa relación de pareja.

Por tanto, a veces no sólo es el miedo, que también, sino otros los aspectos que están en la base de tu dificultad, y requieren ayuda profesional para poder identificarlos y aprender  a gestionarlos. Con ser valiente, no te va a ser suficiente!

Hasta la próxima!

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