Hace unos días vi en una red social, una foto de una niña tirada en el suelo con una rabieta, mientras su padre y otro adulto esperaban impasible y pacientemente a que se la pasara. Efectivamente, esa es la mejor forma de reaccionar ante una rabieta: ignorarla. Si prestamos atención al menor en ese momento, estaremos reforzando esta reacción, e incrementando su probabilidad de aparición. A través del berrinche, el niño/a expresa su frustración, su rabia y/o intenta hacer cambiar la negativa del adulto ante lo que él/ella quiere. ¿Por qué no es conveniente reñirle o castigarle? Por dos razones: la primera, porque es otra forma de prestar atención a una conducta que no queremos que se repita; y segunda, porque el menor aún no sabe gestionar sus estados de rabia y frustración. Además, si permanecemos tranquilos, le estamos ofreciendo a nuestro hijo/a un modelo de cómo afrontar situaciones desde la tranquilidad.

Sin embargo, cuando aplicamos esta estrategia en un lugar público, en ocasiones, nos encontramos con:

• Miradas reprobatorias de personas ajenas: no sabemos si esa expresión facial negativa es por la rabieta de nuestro hijo/a, o si a la persona le duele un juanete; pero, en cualquier caso, ¿vamos a permitir que lo que piensen otros defina cómo criar a nuestro hijo/a?

• Personas ajenas, y con muy buena voluntad, que se acercan a consolar al niño/a para que deje de llorar: conviene reaccionar con rapidez y apartar a esa persona educadamente…posiblemente, nos haya estropeado la estrategia…, en ese caso, respira profundamente y ¡espera a la próxima ocasión!

¡Gracias por leerme!