Regalar un perro a la pareja o a la familia antes de morir, es un gesto que realizan cada vez más personas y en distintos países del mundo. Puede parecer algo extraño, pero aporta beneficios psicológicos tanto para la persona próxima a fallecer como para la familia.

Para la persona que va a fallecer, satisface la necesidad que tenemos los seres humanos, de transcender más allá de nuestra muerte, de alguna forma, seguiría estando «presente».  Además, le aporta  tranquilidad el saber que la mascota va a aportar compañía y muestras de afecto a su pareja y/o familia; y si, el perro, es adoptado, la satisfacción de ofrecerle una vida mejor.

Para la pareja y/o familia, amortigua el dolor de la pérdida de varias maneras: por un lado hace menos abrupta la partida del ser querido, y por otra, el afecto que proporciona el perro proporcionan sensación de bienestar y mitigan la soledad. Asimismo, el cuidado de la mascota supone para los dolientes algo en que ocuparse, y alguien a quien cuidar.

¿Qué te parece la idea? ¿Conoces alguien que lo haya hecho?

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