Es la queja que exponen las personas que están pasando por un proceso de duelo por el fallecimiento de su pareja, cuando un familiar les sugiere recibir ayuda psicológica.

Y es lógico, la persona no ve otra “solución”, que recuperar al fallecido; su psique no está aún en condiciones de asumir la pérdida y entender que la solución pasa por aprender a vivir sin el ser querido.

¿Cómo puede ayudar un psicólogo/a en estos casos?

El duelo es un proceso que la persona tiene que ir superando hasta conseguir continuar su vida sin la persona fallecida, y tiene una duración variable.

En un primer momento, el paciente suele acudir a terapia con una profunda rabia por la pérdida, con un elevado nivel de ansiedad y llanto continuado, y resistiéndose a asumir la realidad de la pérdida. En este punto, la labor del psicólogo consiste en facilitar del desahogo de la rabia y la ansiedad, como paso previo a aceptar la ausencia.

En un segundo momento, cuando la persona ya va siendo consciente de la realidad de la pérdida, sobreviene una profunda tristeza. En esta fase, el terapeuta ayudará a expresar esa pena, y a que, de forma paulatina, la persona se vaya despidiendo del ser querido, y sea capaz de ubicarlo en un lugar de su interior, que le permita continuar con su vida.

Por tanto, el trabajo del psicólogo/a va dirigido a facilitar el tránsito de la persona por el proceso de duelo, y a prevenir que se cronifique o derive en un trastorno de ansiedad o una depresión mayor.

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